Pellablog 2009 Semana 050 (14 diciembre) > Reportaje 7º Ruta de Pastores


 

PELLABLOG

Edición semanal digital de la revista Pellagofio

 

7. Mujeres del Bentayga

La próxima semana: Glosario del capítulo (aceite de almendra, queseros, Leader)

Apenas son unas pocas las casas que integran El Roque, un pequeño pago de Ojeda que, como su nombre indica, vive a la sombra de un monolito de roca esculpido a capricho de la Naturaleza, hermano pequeño del majestuoso y muy cercano roque Bentayga. Las familias que viven aquí cultivan en los ‘bocaos’, apañan almendras, fabrican carbón y cuidan unos ganados de cabras de cuya leche hacen queso. Así ha sido la vida, durante generaciones, de las gentes de este lugar, un poblado fundado por los aborígenes, lleno de cuevas, a muchas de las cuales ya es imposible acceder por culpa de la erosión. La dureza de todo ese trabajo recae hoy, en gran medida, sobre las mujeres. [La Provincia, 27 de agosto de 1994]. (Seguir leyendo...)

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Ruta de pastores, capítulo 7º: Mujeres del Bentayga

EN CARTEL

CONVOCATORIA RECOMENDADA

 

Óscar Domínguez, íntimo sobre papel

Exposición. Abierta desde el sábado 12 de diciembre de 2009 en el Espacio Cultural Monje, de Bodegas Monje (El Sauzal, Tenerife)

Información en la web bodegasmonje.

 

 

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RUTA DE PASTORES

 

Millares, Yuri; Cabildo de Gran Canaria, 1996, Premio San Matías de Investigación (Artenara).
Precio: 25 euros más gastos de envío (25+5).


Trece reportajes conviviendo con distintas familias de pastores y ganaderos. Un recorrido por las vivencias e historias de hombres y mujeres de la Gran Canaria más rural y ancestral.


CANARIAS RURAL - GUÍA VISUAL DE OFICIOS ARTESANOS

 

Millares, Yuri; Pellagofio Ediciones, 2009. Colección Canarias Rural-Guía visual de oficios artesanos (en 6 volúmenes de 100 páginas cada uno).
Precio: ejemplar suelto: 4,95 €; colección completa: 29,70 €; más gastos de envío


Volumen 1: 85 fotografías entre dos siglos (Con prólogo de Martín Chirino).
Vol. 2: ...En la mar y tierra adentro
Vol. 3: ...A la sombra y al sol
Vol. 4: ...El fuego, el yunque y el agua
Vol. 5: ...De música, deportes, juegos y rezos
Vol. 6: ...Para la mesa del isleño

 

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HEMEROTECA YURI MILLARES > RUTA DE PASTORES (13)

Apenas son unas pocas las casas que integran El Roque, un pequeño pago de Ojeda que, como su nombre indica, vive a la sombra de un monolito de roca esculpido a capricho de la Naturaleza, hermano pequeño del majestuoso y muy cercano roque Bentayga. Las familias que viven aquí cultivan en los ‘bocaos’, apañan almendras, fabrican carbón y cuidan unos ganados de cabras de cuya leche hacen queso. Así ha sido la vida, durante generaciones, de las gentes de este lugar, un poblado fundado por los aborígenes, lleno de cuevas, a muchas de las cuales ya es imposible acceder por culpa de la erosión. La dureza de todo ese trabajo recae hoy, en gran medida, sobre las mujeres. [La Provincia, 27 de agosto de 1994].

 

PASTORAS, LABRADORAS, CARBONERAS

La falta de hombres obligaba a las hijas de El Roque a trastocar sus actividades tradicionales para realizar todos los trabajos en busca del sustento familiar: pastorear, labrar, fabricar carbón. Séptimo reportaje de la serie “Ruta de pastores” (y, al publicarse el libro, su séptimo capítulo).

 

 

 

7. Mujeres del Bentayga

El roque Bentayga y los otros roques más pequeño que se yerguen junto a él, son testigos, cada amanecer, de la actividad de un grupo de mujeres que ordeñan sus respectivos rebaños cuando todavía no se asoma ni la claridad del día. Tradicionalmente, el papel femenino se amplía a la posterior elaboración del queso. Así ocurre en El Roque. Pero además, mientras unas mujeres se dedican a apretar la cuajada en los cuartos del queso, otras cogen una mochila o un saco y se echan a caminar montaña arriba o barranco abajo, guiando los pasos de unas cabras para las que no hay pastor, sino pastora.

Tres son los rebaños que balan al pie del Bentayga. El más pequeño, apenas una veintena, sin embargo, no madruga tanto en su diario trasiego por los riscos y barranquillos. Juana Bolaños Díaz espera un poco a que la luz inunde el agreste paisaje de la Cumbre, antes de ponerse en marcha. Protege su cabeza del sol con un amplio sombrero de paja. Con su mano derecha sujeta un pequeño y gastado garrote que le sirve de apoyo a sus pies, calzados con unas botas de fútbol de color azul. “Es que con los tacos que tiene en la suela se puede caminar mejor y agarrarse a la tierra”, nos había explicado su hermana Carmen de la afición por este calzado en la zona.

 

“Con los tacos que tiene en la suela se puede caminar mejor y agarrarse a la tierra”, nos había explicado su hermana Carmen

Juana Bolaños sale a pastorear con el saco de la costura, el garrote y las botas de fútbol con suela de tacos.

 

Caminar es algo que Juana ha hecho toda su vida. Ahora con el ganado que tiene y antes por las dos o tres cabras que tenía, pues, de todos modos, debía ir a buscarles alimento. “Me echaba un saco de colleja a la espalda y la barriga que la tenía así…”. Hace un gesto con la mano para indicar su embarazo esta mujer que, transcurrido el tiempo, la vemos con un nieto correteando por la casa.

A la hora de comer está ya de regreso en su casa, con el mismo y gastado saco de tela marrón al hombro con el que salió por la mañana. No se trata del envoltorio que usa para guardar la comida a modo de talega. Tampoco lo lleva para llenarlo por el camino. “No, aquí lo que llevo es la costura”, responde con una sonrisa. “Con las horas que paso por ahí con las cabras, aprovecho para sentarme en alguna piedra y coser la ropa de la casa que haya que arreglar”.

En las otras casas de El Roque, las pastoras ya se han ido cuando sale Juana con su saco y su garrote. Pero no llevan ni una cosa al hombro, ni la otra en la mano. Sí. Coinciden en ponerse calzado deportivo o botas. El resto de la indumentaria cambia y, así, Olga González Quintana se pone una gorra de tela con visera, se cuelga una mochila y de su mano lo que sobresale es la antena del pequeño transistor sintonizado en las ondas de Radio Tejeda. “Ponen mucha música”, dice esta joven de 25 años a la que sigue siempre de cerca un perro de presa canario que responde por Bardino.

Mientras en una dirección sale Olga con las ciento y pico cabras, otra muchacha sale siguiendo una ruta distinta, también con ciento y pico de estos animales. Es Julia Quintana Bolaños, de 22 años, que, sabiendo el calor que le aguarda, se pone cómoda con una camiseta y unas bermudas, para perderse (es un decir) por estrechos pasos y hoyas hasta llegar al fondo del barranco.

 

“Aquí, como no hay hombres…”, explica Francisca para
justificar la participación de sus hijas en labores en las que no es habitual ver a mujeres, como la de hacer carbón

Olga y María observan a su padre cuando saca la mula de la cueva.

 

Ocho hijas
Francisca Quintana Guerra, la madre de Olga, se queda sola por las mañanas haciendo el queso. “A ellas no les gusta hacerlo”, dice de sus hijas. Ocho ha tenido en total. Cuatro tiene ahora en la casa: Olga, que afirma que “aunque del ganado se encargan todas, ella tiene el trabajo”; María, que trabaja en Las Palmas de Gran Canaria excepto cuando coge vacaciones (también es un decir) y regresa para ayudar a sus hermanas; y Bene y Pili, que hacen carbón, llevan la leña a las hoyas y colaboran con su padre, Juan González Díaz, en todas las tareas de labranza.

“Aquí, como no hay hombres…”, explica Francisca para justificar la participación de sus hijas en labores en las que no es habitual ver a mujeres, como la de recoger leña y hacer carbón. La leña hay que cortarla, limpiarla, cargarla, llevarla a la hoya, apilarla, buscar la pinocha, ponerle el fuego. “Eso da más trabajo de lo que se cree nadie”, dice. “Y de pastora, lo mismo. No hay hombres, así que las mujeres son para todo y deben ocupar el puesto de los hombres”.

Una mula es el medio de transporte que utilizan para llevar las cosas de las tierras, “que están lejos”, a la carretera y viceversa. Llevan estiércol y traen papas a lomos de Navia, que es como se llama la bestia, cómodamente alojada en el interior de una cueva hasta que le llega el momento de trabajar. “Yo le llamo Marisol”, dice, sin embargo, María. “Es que cada una la llama distinto”, añade Pili. La población animal se completa con unos cochinos y “dos pollitas, pues más no tenemos dónde ponerlas”. “Mi hija –dice la madre sin especificar cuál de las muchas que tiene– las compró porque los huevos de la tienda no le gustan”.

 

El reparto del trabajo permite a Julia descansar sábados y domingos del pastoreo, esos días “le toca a otra chica, para aliviarle las penas a ella”

Julia cruza la carretera con el rebaño de regreso a casa.

 

El queso en una cueva
La historia se repite, aunque con otros nombres, en la familia de Carmen Bolaños Díaz. De sus trece hijos, viven once. En El Roque, José Ramón limpia el estiércol y acarrea el agua. Julia pastorea. Alicia y Begoña igual están en la cueva del queso, como ordeñando o haciendo de albañiles en la casa. Tareas no faltan y Carmen las distribuye cada día.

El marido, Francisco Quintana Suárez, entretanto, sale por la mañana a la labranza y en las tierras se encuentra con Julia que, saliendo de amanecida, no regresa al hogar hasta el oscurecer. “Abajo tiene su caldero, su sartén, sus papas”, explica la madre al relatar cómo se prepara aquélla la comida durante la larga jornada de trabajo lejos de casa, en “un cuartito con su puerta y todo” que hay junto a los bocaos donde plantan millo, papas o judías.

El reparto del trabajo permite a Julia descansar sábados y domingos de pastoreo, esos días “le toca a otra chica, para aliviarle las penas a ella”, sigue explicando la madre. Pero sólo cambia unas tareas por otras. “Yo creo que este trabajo no lo dejen muy luego”, confiesa Carmen, recordando una charla, días atrás, con la hija pastora. “¿Y esta cruz me va a mí a seguir?’, me dijo. Y le dije yo: ¿Tú no has oído decir que todos tenemos que llevar una cruz? Y entonces se rió”. Era un fin de semana y Julia quería pasear sus 22 años, aprovechando que el verano es época de “verbenas en los barrios, esto y lo otro”.

En cualquier caso, el reparto de tareas se hace intentando acercar las preferencias de cada una al trabajo concreto, siempre aprendiendo de lo que el padre o la madre han llegado a saber antes por sus respectivos progenitores. Igual que ocurre con el rezado al echar el cuajo en la leche. Carmen recita: “Mi madre siempre lo hacía, mientras revuelve la leche se hace el signo de la cruz y se dice: El Señor me la acreciente, para hoy y para siempre”.

Rebuscar para la dote
Julia, Alicia o Begoña acostumbran a decirle “eso era antes, madre”, pero ésta les recuerda, cuando tiene ocasión, cómo eran antes las cosas. Teniendo Carmen la edad de la más pequeña de sus hijas ya rebuscaba para obtener la dote de la boda. “¿Usted no sabe lo que es rebuscar?”, pregunta instantes antes de proceder a la correspondiente explicación.

“Cuando don Diego Cruz venía a recoger almendras con 30 ó 40 mujeres, en El Pajarcillo, mi padre le decía: ‘Mire, ¿ya acabó don Diego? ¿Entonces las muchachas pueden ir a rebuscar?” Le pedían permiso para entrar en las suertes de almendreros. “Íbamos donde quiera que se hubieran dejado una almendra, con la cañilla la tirábamos al suelo, la apañábamos y la metíamos en el cesto”. Juntando las almendras que quedaban sin recoger hacían aceite de almendra, de sabor tan suave como medicinal. Después iban por los barrios y pueblos de las medianías a venderlo y con ese dinero “compramos las dotes: un año dos sábanas, otro una manta”.

Próxima semana: Glosario fotográfico del capítulo.

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