FIRMAS + EL HUMOR DE CHO JUAÁ ("Sentío")

LA ÚLTIMA

Esfuerzo de trabajadoras
(Comentario a la foto del lector)

Faustino García Márquez y la destrucción del Pino de Pilancones
Chojuaniadas

 

Domingo Rodríguez escribe el comentario a una fotografía de mujeres trabajadoras de la platanera y el arquitecto Faustino García Márquez reflexiona sobre la muerte de un árbol centenario y las culpabilidades si las hubiera. El humor canario lo pone Eduardo Millares Sall, 'Cho Juaá' (1926-1972).

 

BAÚL DEL LECTOR

 

Esfuerzo de trabajadoras

Por Domingo Rodríguez Marrero
(Columnista de PELLAGOFIO)

Denominado “higo de Adán” y “manzana del Paraíso” por los cruzados que lo conocieron en sus campañas en Oriente, el plátano llegó a Canarias en los primeros momentos de la colonización, gracias a los portugueses, que lo trajeron desde Guinea Ecuatorial.

Adaptado a las condiciones naturales del archipiélago, fue Canarias el puente desde el que la rica fruta originaria de Asia saltó al otro lado del Atlántico, aunque permaneciendo en nuestras islas moldeando su paisaje y transformando su fisonomía por debajo de los trescientos metros, a base de bancales, cadenas y atarjeas que dieron identidad propia a numerosos lugares del archipiélago, además de convertirse en inequívoco símbolo de su identidad.

De indudable importancia económica en otros tiempos, el plátano canario, al margen de tópicos y de postales turísticas, encierra también una historia de grandes esfuerzos que han dejado testimonios como el que presentamos en este número. Fue el fotógrafo ambulante Vicente Pérez Melián quien plasmó una parte de la realidad del trabajo en las plataneras con este retrato: el capataz y las trabajadoras de Valle de Guerra (Tenerife) en los años 50-60, ataviadas con la ropa de faena que sólo deja ver sus rostros bajo los grandes sombreros coronados por las piñas que, a buen seguro, tomarían rumbo al Reino Unido siguiendo el camino iniciado en 1878 por Peter S. Reid, británico afincado en Tenerife a quien se atribuye la organización de la primera exportación de plátanos de Canarias a Inglaterra.

Foto cedida por Vicente G. Melián./ ARCHIVO PELLAGOFIO

 

APUNTES

 

La lección del Pino de Pilancones

Por Faustino García Márquez
(Arquitecto urbanista, es director de la Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y Lucha contra el Cambio Climático)

El Pino de Pilancones era mucho más que un símbolo: era un ser vivo, un resistente, un superviviente. Emociona ver ahora la tremenda amplitud del espacio vacío de su ausencia, y lo levantamos de nuevo, inmortal, en nuestro recuerdo. Pero a él, a su colosal tamaño, a sus 400 años, no le bastan nuestra pequeña emoción ni nuestra efímera memoria. Caído en pedazos, sigue destilando vida en las gotas de resina que caen lentamente hasta el suelo, en el millar de piñas cargadas de semillas que era aún capaz de generar. Para perpetuarse en otros, no sólo en nosotros.

El Pino de Pilancones no murió porque le dejaran de poner unas muletas imposibles y humillantes, ni porque no le hicieran alrededor un cortafuegos que nos hubiera privado de su grandeza, de su carácter de parte singular de un todo. Murió porque era un ser vivo gigantesco y viejo. Murió porque era un ser vivo gigantesco, viejo y generoso que dio de comer su propia sangre, su resina, en tiempos de hambre y de miseria pavorosas, aunque le costara una negra y enorme herida que terminaría acabando con él.

Los responsables
Y sólo nosotros, todos nosotros, somos los responsables. Somos responsables de nuestra propia historia y de nuestro propio futuro. Somos responsables de ser los felices herederos de una sociedad que no le dejaba a muchos otra salida que vaciar los bosques y sangrar a los gigantes. Somos responsables de pertenecer a una sociedad que reclama de los poderes públicos el cuidado de la naturaleza, pero no a costa de las autovías que nos permitan llegar, a 80 kilómetros por hora, al último rincón de la isla. No a costa de nuestra comodidad, de nuestra propiedad, de nuestro consumo desaforado de bienes, de recursos naturales, de combustible, de energía, de agua, de territorio.

Hace 114 años, alguien dijo que esta tierra no es nuestra, que nosotros sólo somos sus administradores, encargados de gestionarla cuidadosamente para entregarla, mejorada, a sus legítimos y únicos propietarios, las generaciones futuras. Administrar bien ese préstamo, esa herencia del futuro, no nos obliga a resucitar al Pino de Pilancones, pero nos exige crear las condiciones necesarias para que sigan viviendo sus nietos y los nietos de sus nietos, junto a los nuestros.

Y para eso, tenemos que cambiar muchas cosas, empezando por nosotros mismos. Tenemos que hacer un uso más cuidadoso de unos recursos limitados y tenemos que compartirlos con millones de personas que están muriendo por falta de ellos, a nuestras mismas puertas, ante nuestros brillantes escaparates. Limitado es el planeta que estamos calentando y deshelando con el humo de nuestros coches, con la luz escandalosa de nuestras bombillas, con el confort artificial de nuestras casas, con el agua que dejamos perder, con la basura que producimos. Limitado es el territorio que ocupamos, que acosamos, que compartimentamos, que destruimos. Limitada es la isla que decimos querer, el pinar que queremos asfaltar, la finca que vamos a urbanizar.

Podemos ahorrar futuro, pero tenemos que reprimirnos, limitarnos, sacrificarnos. Aprender a compartir espacio, a preservar el suelo, a reducir gastos, a habitar en pisos. Aprender de nuevo a movernos, a caminar, a compartir con otros el transporte. Aprender a indignarnos ante el derroche, la destrucción y la injusticia. Aprender a vivir mejor, a vivir con menos, a transformar una sociedad del despilfarro en una sociedad atenta, austera, alegre, feliz, viva.

Última lección
Aprendamos la última lección del Pino de Pilancones. Aprendamos a respetar y a transmitir la vida hasta después de que haya terminado la nuestra, para que podamos vivir en otros, para que, dentro de 400 años, pueda acostarse un niño soñando que a la mañana siguiente va a hacer su primera gran caminata, a ver su pino de Pilancones, ése que está germinando, justo ahora, al pie del coloso caído.

 

CHOJUANIADAS

 

Sentío

 

–¿Dónde está lo que has pescao, Marsiá?

–Pos está ¡hip! aquí en el estómago y los vapores en el sentío.

 


 

Dibujo: Cho Juaá. Reservados todos los derechos.

 

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